Asistimos al corte transversal de la realidad y de la convivencia histórica de un solo mundo. Pasamos a vivir un mundo analógico que en términos de comunicación se sustituye por el mundo de la neocomunicación y este es el mundo digital. Las palabras, la voz, la imagen, los gestos, alcanzan ya no las distancias antes previstas por McLujan y su aldea global, sino su permanencia en el tiempo.
Se configuran lenguajes nuevos que modifican lo tradicional del lenguaje audiovisual y este ahora tiene nuevos códigos todos ellos digitales que alteran los modos de producción de los mensajes.
El ejercicio del periodismo es mas personal, transparente y honesto porque en la totalidad del proceso está el periodista. Ya no hay una cadena que funcionaba como un “teléfono roto” en donde lo que el periodista comunicaba terminaba siendo variado a lo largo de la cadena de montaje del la pieza periodística.
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